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29 de juny de 2013

Más de 9.600 extranjeros se van de Tarragona por falta de trabajo

Más de 9.600 extranjeros se van de Tarragona por falta de trabajo

La noción de que los jóvenes cada vez tienen menos oportunidades debido a la crisis y se tienen que buscar la vida en el extranjero coincide con los datos hechos públicos esta semana por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En su informe sobre los movimientos migratorios del pasado año 2012, el organismo constata que la cifra de jóvenes que emigran va en aumento y, en este aspecto, la provincia de Tarragona no es ninguna excepción.

En términos absolutos, el informe sostiene que un total de 10.907 habitantes de la provincia de Tarragona se marcharon a vivir al extranjero durante 2012. Una cifra superior a la del año anterior (9.274) y también a la de 2010 (9.604). Especialmente acusado es ese incremento si se acota el análisis a la franja de edad entre los 25 y los 44 años:en 2012, 6.001 habitantes de la provincia de ese perfil emigraron, mientras que un año antes, en 2011, la cifra había sido de 3.011. La mitad.

Cuestión de nacionalidad

Ocurre, sin embargo, que esos datos absolutos incluyen a emigrantes de todas las nacionalidades, y cabe incidir en que de esos mencionados 10.907 de entre 25 y 44 años, 9.960 eran de nacionalidad extranjera y sólo 946 de nacionalidad española. El motivo es que muchos ciudadanos extranjeros, que inmigraron en su día, ahora, ante la falta de oportunidades, regresan a sus países. Estadísticamente, se computan como emigrantes.

Por eso el parámetro más aproximado posible para conocer el comportamiento del joven autóctono son los datos de emigrantes de nacionalidad española –si bien entre ellos puede haber también ciudadanos de origen extranjero que obtuvieron la nacionalidad en los últimos años–.

Jóvenes que se van

Y ese parámetro habla de 946 habitantes de la demarcación de Tarragona de nacionalidad española que emigraron en 2012 al extranjero. De ellos, 420 tenían entre 25 y 44 años. Ese mismo perfil arrojó en 2011 un balance de 376 personas;en 2010, de 293;en 2009, de 223;y en 2008 de 253. De modo que, en los últimos cinco años, esa emigración de jóvenes tarraconenses de nacionalidad española se ha incrementado en un 66%. De igual modo, es sintomático –por no entrar más al detalle– que el número absoluto de inmigrantes en la demarcación está cayendo de forma contundente, y se ha pasado de más de 13.000 en 2008 a apenas 5.600 en 2012.

Al respecto, el diagnóstico de un experto como Àngel Belzunegui, demógrafo y sociólogo, no es particularmente dramático:«La tendencia creciente es evidente e imagino que en el futuro continuará así, pero de ahí a pensar que las cifras de emigración son preocupantes va mucho. Las cifras hay que compararlas con su propia generación y nos daremos cuenta de que el número de jóvenes que emigran es pequeñísimo, no llega ni al 1%», argumenta. «No es cierto de ninguna manera, en términos demográficos, que la emigración sea una barbaridad. Términos como fuga de cerebros son sensacionalistas. Al contrario. Se va poca gente, tal como está el país», añade.

TARACONENSES EN EL EXTRANJERO

‘Aquí hay más trabajo, pero no es fácil acceder a él’

Jesús Serrano (Tarragona, 1982) emigró a Dinamarca en 2006 para estudiar. Pasó un año en Aarhus, la segunda ciudad del país, y desde 2007 reside en Copenhague, donde encontró trabajo. En su caso, la emigración no fue producto de la crisis:«Todavía no había empezado. De hecho, había gente que me animaba a quedarme y aprovechar que en casa había trabajo de lo mío», recuerda. Sus motivos eran estudiar un postgrado y mejorar su inglés y sus competencias, pero terminó instalándose en el país nórdico.

Desde allí, asiste con decepción a la situación que se vive en su tierra: «Sorprende que en tan pocos años, los que he estado fuera, hayan cambiado tanto las situaciones laborales y personales de tanta gente, las perspectivas a largo plazo y el pesimismo que se ha instalado».

Jesús coincide con que en el extranjero hay más oportunidades, pero con matices:«Las tasas de paro en muchos países son mucho más reducidas y se ven más ofertas de trabajo, por ejemplo, pero también es más limitado el acceso a ellas», asegura, y añade:«Para que te contraten, no es suficiente con hablar el idioma en que te ofrecen el trabajo».

En Dinamarca, Serrano se ha encontrado con algunos casos de españoles con ganas de emigrar:«He conocido sobre todo a gente que ha venido a través de algún familiar o amigo a tomarse unas vacaciones prolongadas y a tantear las posibilidades de instalarse. Pero el coste de la vida y la dificultad del idioma tiran atrás a la mayoría de los que vienen».

En su caso, no se plantea volver a Tarragona a corto plazo, «no sólo por la situación económica», y reivindica que «muchos daneses visitan Barcelona y les choca el grado de sofisticación de la ciudad y el país en muchas áreas, quizás por los clichés que aún duran sobre la gente del sur de Europa». En este sentido, «es una suerte que nuestro emplazamiento turístico muestre a los visitantes otra cara de la moneda», concluye Jesús.

‘Hay que intentar que los que se van, vuelvan’

Marina Massaguer (Tarragona, 1982) vive en Oxford (Inglaterra) desde el pasado septiembre de 2012. «Hacía tiempo que tenía ganas de conocer un país extranjero, el día a día de la gente, el sistema universitario... Cuando vi que había una plaza de lectora de catalán en la Universidad de Oxford, me presenté y después de superar el proceso de selección me contrataron», explica.

En su caso, pues, fueron más las ganas de ver mundo y ampliar experiencias lo que la empujó a emigrar. Es más:en Tarragona tenía trabajo. Aun así, en el extranjero está pudiendo comprobar el auge de jóvenes españoles que emigran: «En Oxford hay muchísimos. La mayoría trabajan de camareros y muchos te cuentan que se marchan forzados por la situación económica en España. Algunos vienen al Reino Unido sin trabajo, a la aventura, lo cual me parece admirable porque no sabes qué te encontrarás».

Un aspecto nada anecdótico y que seguramente explica esa tendencia migratoria es que en Oxford, y por extensión en el Reino Unido, «quien tiene ganas generalmente encuentra trabajo, aunque sea poco cualificado».

Marina coincide, en este sentido, con la noción de que «probablemente hay más oportunidades en el extranjero». Aunque añade una reflexión:«De todas maneras, la emigración en sí misma no es buena ni mala, todo depende de las ganas que tengas de cambiar de vida, de si te atrae el país donde vas, de la gente que te encuentras...». «Lo que está claro –prosigue– es que vivir un tiempo fuera aporta cosas positivas. Lo que habría que intentar es que los jóvenes que se marchan vuelvan una vez hayan aprendido de la experiencia, en lugar de que la inversión se la quede otro país». Respecto a eso de volver, en su caso responde con un «ya veremos».

Font: Francisco Montoya, Diari de Tarragona.

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